No sé muy bien subido a qué historias, entré en un camino angustiante e inútil.
Todo empezó con un ataque de celos con mi novia.
Ella había preferido encontrarse con sus amigas del colegio y postergar la salida conmigo, que lo contrario. Desde allí empezaron a desfilar por mi cabeza las situaciones de pérdida
y el dolor que esto siempre me causaba.
Yo había hablado en terapia de la importancia de vivir las pérdidas como tales, pero ahora estaba francamente fastidiado.
-No entiendo por qué tengo que compartir mi pareja con sus amigas, ni mis amigos con sus parejas.
Lo digo así para escucharme esta estupidez y que me ayudes. Cuando algo es Mío, aunque sea
troglodítico como dices tú, siento que tengo derecho de cederlo o NO, y por el tiempo que quiera yo. Por eso es Mío.
Jorge dejó la pava y me contó:
Caminaba distraídamente por la calle cuando la vio.
Era una enorme y hermosa montaña de oro.
El sol le daba de lleno y al rozar su superficie reflejaba tornasoles multicolores,
que la hacían parecer un personaje galáctico salido de una película de Spielberg.
Se quedó un rato mirándola como hipnotizado.
-¿Tendrá dueño? -pensó.
Miró para todos lados, pero nadie estaba a la vista.
Al fin, se acercó y la tocó.
Estaba tibia.
Pasando los dedos por su superficie, le pareció que su suavidad era la correspondencia táctil perfecta de su luminosidad y de su belleza.
-La quiero para mí -pensó..Muy suavemente la levantó y comenzó a caminar con ella en brazos, hacia las afueras de la ciudad.
Fascinado, entró lentamente en el bosque y se dirigió al claro.
Allí, bajo el sol de la tarde, la colocó con cuidado en el pasto y se sentó a contemplarla.
-Es la primera vez que tengo algo valioso que es mío.
¡Sólo mío! -pensaron los dos simultáneamente.
-Cuando poseemos algo y nos esclavizamos en dependencia de ese algo, quién tiene a quién...
¿Quién tiene a quién?.
miércoles, 23 de mayo de 2007
Carpinteria el 7
-Es que además de obtusos hay tipos que no se dejan ayudar - me quejé.
El gordo se acomodó y contó:
Era una pequeña casucha, casi un ranchito en las afueras de la ciudad.
Un pequeño taller adelante con unas pocas máquinas y herramientas,
dos piezas, una cocina y un rudimentario baño atrás...
Sin embargo, Joaquín no se quejaba, en estos dos años el taller de carpintería "El 7" se había hecho conocer en el pueblo y él ganaba suficiente dinero como para no tener que recurrir a sus magros ahorros.
Esa mañana, como todas, se levantó a las seis y media para ver salir el sol. No obstante, no llegó al lago. En el camino, a unos 200 metros de su casa, casi tropezó con el cuerpo herido y maltrecho de un joven.
Con rapidez, se arrodilló y apoyó su oído contra el pecho del joven... débilmente, allá en el fondo, un corazón luchaba por mantener lo que quedaba de vida en ese cuerpo sucio y hediente a sangre, a mugre y a alcohol.
Joaquín fue a buscar y trajo una carretilla, sobre la que cargó al joven. Al llegar a la casa tendió el cuerpo sobre su cama, cortó las raídas ropas y lo higienizó cuidadosamente con agua, jabón y alcohol.
El muchacho, además de su borrachera había sido golpeado con salvajismo.
Tenía heridas cortantes en las manos y la espalda, y su pierna derecha estaba fracturada.
Durante los siguientes dos días, toda la vida de Joaquín se centró en la salud de su obligado huésped: curó y vendó las heridas, entablilló su pierna y alimentó al joven de a pequeñas cucharadas con caldo de pollo..
Cuando el joven despertó, Joaquín estaba a su lado mirándolo con ternura y ansiedad.
-¿Cómo estás? -preguntó Joaquín.
-Bien... creo -respondió el joven mientras se miraba su cuerpo aseado y curado -¿quién me curó?
-Yo.
-¿Por qué?
-Porque estabas herido.
-¿Sólo por eso?
-No, también porque necesito un ayudante.
Y ambos rieron con ganas.
Bien comido, bien dormido y sin beber alcohol, Manuel, que así se llamaba el joven, se fortaleció enseguida.
Joaquín intentaba enseñarle el oficio y Manuel intentaba rehuir del trabajo todo lo que podía.
Una y otra vez Joaquín inculcaba en aquella cabeza deteriorada por la vida transcurrida,
las ventajas del buen trabajo, del buen nombre y de la vida buena.
Una y otra vez, Manuel parecía entender y dos horas o dos días después,
volvía a quedarse dormido o se olvidaba de cumplir con la tarea que Joaquín le había encomendado.
Pasaron meses. Manuel estaba curado. Joaquín había destinado para Manuel la habitación principal, una participación en el negocio y el primer turno del baño, a cambio de la promesa del joven, de dedicación al trabajo.
Una noche, mientras Joaquín dormía, Manuel decidió que seis meses de abstinencia eran bastante y creyó que una copa en el pueblo no le haría daño.
Por si Joaquín se despertaba en la noche, cerró la puerta de su habitación desde adentro y salió por la ventana dejando la vela encendida para dar la impresión de que se encontraba allí.
A la primera copa siguió la segunda, y a esta la tercera, y la cuarta, y otras muchas...
Cantaba con sus compañeros de trago, cuando pasaron los bomberos por la puerta del boliche haciendo sonar la sirena.
Manuel no asoció este hecho con lo ocurrido hasta que de madrugada, tambaleándose hasta su casa, vio la muchedumbre reunida en su cuadra....Sólo alguna pared, las máquinas y unas pocas herramientas se salvaron del incendio.
Todo lo demás quedó destruido por el fuego. De Joaquín sólo se encontraron cuatro o cinco huesos chamuscados, que enterraron en el cementerio bajo una lápida donde Manuel hizo escribir:
"LO HARÉ, JOAQUÍN. ¡LO HARÉ!"
Con mucho trabajo, Manuel, reconstruyó la carpintería.
Él era vago, pero hábil y lo que aprendió de Joaquín alcanzó para llevar adelante el negocio.
Siempre sentía que, desde algún lugar, Joaquín lo miraba y alentaba. Manuel lo recordaba en cada logro: su casamiento, el nacimiento de su primer hijo, la compra de su primer auto...
...A quinientos kilómetros de allí Joaquín, vivito y coleando, se preguntaba si era lícito mentir, engañar y prenderle fuego a esa casa tan bonita sólo para salvar a un joven.
Se contestó que sí, y rió de sólo pensar en la policía de pueblo que confunde huesos humanos con huesos de cerdo...
Su nueva carpintería era un poco más modesta que la anterior,
pero ya era conocida en el pueblo... se llamaba...CARPINTERÍA "EL 8"
-A veces, la vida te hace difícil poder ayudar a un ser querido.
No obstante, si hay alguna dificultad que vale la pena enfrentar, es la de estar para otro.
Esto no es un "deber moral" ni nada que se le parezca, esta es una elección de vida que cada uno puede hacer a su tiempo y en la dirección que desee.
Mi experiencia personal vivencial y observatoria me hace creer que el ser humano libre y encontrado consigo mismo es generoso, solidario, amable y capaz de disfrutar por igual del dar y del recibir.
Por lo tanto, cada vez que te encuentres con aquellos que viven mirándose al ombligo, no los odies; ya bastante despelote deben tener con ellos mismos.
Cada vez que te descubras en actitudes mezquinas, ruines o pequeñas,.aprovecha para preguntarte qué te está pasando. Te garantizo que en algún lugar erraste el rumbo.
Alguna vez, escribí:
Un neurótico no necesita un terapeuta que lo cure ni un papito que lo cuide.
Todo lo que necesita es un maestro que le muestre dónde perdió el camino..
El gordo se acomodó y contó:
Era una pequeña casucha, casi un ranchito en las afueras de la ciudad.
Un pequeño taller adelante con unas pocas máquinas y herramientas,
dos piezas, una cocina y un rudimentario baño atrás...
Sin embargo, Joaquín no se quejaba, en estos dos años el taller de carpintería "El 7" se había hecho conocer en el pueblo y él ganaba suficiente dinero como para no tener que recurrir a sus magros ahorros.
Esa mañana, como todas, se levantó a las seis y media para ver salir el sol. No obstante, no llegó al lago. En el camino, a unos 200 metros de su casa, casi tropezó con el cuerpo herido y maltrecho de un joven.
Con rapidez, se arrodilló y apoyó su oído contra el pecho del joven... débilmente, allá en el fondo, un corazón luchaba por mantener lo que quedaba de vida en ese cuerpo sucio y hediente a sangre, a mugre y a alcohol.
Joaquín fue a buscar y trajo una carretilla, sobre la que cargó al joven. Al llegar a la casa tendió el cuerpo sobre su cama, cortó las raídas ropas y lo higienizó cuidadosamente con agua, jabón y alcohol.
El muchacho, además de su borrachera había sido golpeado con salvajismo.
Tenía heridas cortantes en las manos y la espalda, y su pierna derecha estaba fracturada.
Durante los siguientes dos días, toda la vida de Joaquín se centró en la salud de su obligado huésped: curó y vendó las heridas, entablilló su pierna y alimentó al joven de a pequeñas cucharadas con caldo de pollo..
Cuando el joven despertó, Joaquín estaba a su lado mirándolo con ternura y ansiedad.
-¿Cómo estás? -preguntó Joaquín.
-Bien... creo -respondió el joven mientras se miraba su cuerpo aseado y curado -¿quién me curó?
-Yo.
-¿Por qué?
-Porque estabas herido.
-¿Sólo por eso?
-No, también porque necesito un ayudante.
Y ambos rieron con ganas.
Bien comido, bien dormido y sin beber alcohol, Manuel, que así se llamaba el joven, se fortaleció enseguida.
Joaquín intentaba enseñarle el oficio y Manuel intentaba rehuir del trabajo todo lo que podía.
Una y otra vez Joaquín inculcaba en aquella cabeza deteriorada por la vida transcurrida,
las ventajas del buen trabajo, del buen nombre y de la vida buena.
Una y otra vez, Manuel parecía entender y dos horas o dos días después,
volvía a quedarse dormido o se olvidaba de cumplir con la tarea que Joaquín le había encomendado.
Pasaron meses. Manuel estaba curado. Joaquín había destinado para Manuel la habitación principal, una participación en el negocio y el primer turno del baño, a cambio de la promesa del joven, de dedicación al trabajo.
Una noche, mientras Joaquín dormía, Manuel decidió que seis meses de abstinencia eran bastante y creyó que una copa en el pueblo no le haría daño.
Por si Joaquín se despertaba en la noche, cerró la puerta de su habitación desde adentro y salió por la ventana dejando la vela encendida para dar la impresión de que se encontraba allí.
A la primera copa siguió la segunda, y a esta la tercera, y la cuarta, y otras muchas...
Cantaba con sus compañeros de trago, cuando pasaron los bomberos por la puerta del boliche haciendo sonar la sirena.
Manuel no asoció este hecho con lo ocurrido hasta que de madrugada, tambaleándose hasta su casa, vio la muchedumbre reunida en su cuadra....Sólo alguna pared, las máquinas y unas pocas herramientas se salvaron del incendio.
Todo lo demás quedó destruido por el fuego. De Joaquín sólo se encontraron cuatro o cinco huesos chamuscados, que enterraron en el cementerio bajo una lápida donde Manuel hizo escribir:
"LO HARÉ, JOAQUÍN. ¡LO HARÉ!"
Con mucho trabajo, Manuel, reconstruyó la carpintería.
Él era vago, pero hábil y lo que aprendió de Joaquín alcanzó para llevar adelante el negocio.
Siempre sentía que, desde algún lugar, Joaquín lo miraba y alentaba. Manuel lo recordaba en cada logro: su casamiento, el nacimiento de su primer hijo, la compra de su primer auto...
...A quinientos kilómetros de allí Joaquín, vivito y coleando, se preguntaba si era lícito mentir, engañar y prenderle fuego a esa casa tan bonita sólo para salvar a un joven.
Se contestó que sí, y rió de sólo pensar en la policía de pueblo que confunde huesos humanos con huesos de cerdo...
Su nueva carpintería era un poco más modesta que la anterior,
pero ya era conocida en el pueblo... se llamaba...CARPINTERÍA "EL 8"
-A veces, la vida te hace difícil poder ayudar a un ser querido.
No obstante, si hay alguna dificultad que vale la pena enfrentar, es la de estar para otro.
Esto no es un "deber moral" ni nada que se le parezca, esta es una elección de vida que cada uno puede hacer a su tiempo y en la dirección que desee.
Mi experiencia personal vivencial y observatoria me hace creer que el ser humano libre y encontrado consigo mismo es generoso, solidario, amable y capaz de disfrutar por igual del dar y del recibir.
Por lo tanto, cada vez que te encuentres con aquellos que viven mirándose al ombligo, no los odies; ya bastante despelote deben tener con ellos mismos.
Cada vez que te descubras en actitudes mezquinas, ruines o pequeñas,.aprovecha para preguntarte qué te está pasando. Te garantizo que en algún lugar erraste el rumbo.
Alguna vez, escribí:
Un neurótico no necesita un terapeuta que lo cure ni un papito que lo cuide.
Todo lo que necesita es un maestro que le muestre dónde perdió el camino..
Regalos para el maharajá
Regalos para el maharajá.
Una vez, un maharajá que tenía fama de ser muy sabio, cumplió cien años. El acontecimiento fue recibido con gran alegría, ya que todos querían mucho a su gobernante. En el palacio se organizó una gran fiesta para aquella noche y fueron invitados poderosos señores del reino y de otros países.
Llegó el día, y una montaña de regalos se amontonó en la entrada del salón, donde el maharajá iba a saludar a sus invitados.
Durante la cena, el maharajá pidió a sus sirvientes que separaran los regalos en dos grupos: los que tenían remitente y los que no se sabía quién los había enviado.
A los postres, el rey mandó traer todos los regalos en dos montones. Uno de cientos de grandes y costosos regalos, y otro más pequeño, con sólo una decena de presentes.
El maharajá empezó a abrir los regalos del primer montón y fue llamando a quien se los había enviado. A cada uno, lo hacía subir al trono y le decía: "Te agradezco tu regalo, te lo devuelvo y estamos como antes." Y le devolvía el regalo, sin importar qué fuera.
Cuando terminó con el primer montón, se acercó a la segunda montaña de regalos y dijo: "Estos regalos no tienen remitente. Estos sí que los voy a aceptar porque no me obligan a nada y, a mi edad, no es bueno contraer deudas".
Que seas muy feliz.
Una vez, un maharajá que tenía fama de ser muy sabio, cumplió cien años. El acontecimiento fue recibido con gran alegría, ya que todos querían mucho a su gobernante. En el palacio se organizó una gran fiesta para aquella noche y fueron invitados poderosos señores del reino y de otros países.
Llegó el día, y una montaña de regalos se amontonó en la entrada del salón, donde el maharajá iba a saludar a sus invitados.
Durante la cena, el maharajá pidió a sus sirvientes que separaran los regalos en dos grupos: los que tenían remitente y los que no se sabía quién los había enviado.
A los postres, el rey mandó traer todos los regalos en dos montones. Uno de cientos de grandes y costosos regalos, y otro más pequeño, con sólo una decena de presentes.
El maharajá empezó a abrir los regalos del primer montón y fue llamando a quien se los había enviado. A cada uno, lo hacía subir al trono y le decía: "Te agradezco tu regalo, te lo devuelvo y estamos como antes." Y le devolvía el regalo, sin importar qué fuera.
Cuando terminó con el primer montón, se acercó a la segunda montaña de regalos y dijo: "Estos regalos no tienen remitente. Estos sí que los voy a aceptar porque no me obligan a nada y, a mi edad, no es bueno contraer deudas".
Que seas muy feliz.
Recuentos
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema.
Inmediatamente sintieron que se hundían, era imposible nadar en esa masa espesa como arenas movedizas.
Al principio las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente, pero era inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
-"No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por este esfuerzo inútil"
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez. Siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, quizás más persistente, o quizás más tozuda, se dijo:
-"No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora".
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. Horas y horas!
Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear…La crema se transformó en manteca.
La rana sorprendida dio un salto, y patinando llegó hasta el borde del pote.
Inmediatamente sintieron que se hundían, era imposible nadar en esa masa espesa como arenas movedizas.
Al principio las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente, pero era inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
-"No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por este esfuerzo inútil"
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez. Siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, quizás más persistente, o quizás más tozuda, se dijo:
-"No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora".
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. Horas y horas!
Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear…La crema se transformó en manteca.
La rana sorprendida dio un salto, y patinando llegó hasta el borde del pote.
sábado, 19 de mayo de 2007
DEPRESSED
La depresión (del latín depressus, que significa "abatido", "derribado") es un estado de abatimiento e infelicidad, que puede ser transitorio o permanente. En la mayoría de los casos, el paciente describe su estado, y así lo ven los demás, como derribado, socavado en su potencialidad, debilitada su base de sustentación afectiva, desplazado su eje de acción usual, desganado, hipoérgico. Es uno de los más importantes depredadores de la felicidad humana.
También se utiliza comúnmente como sinónimo de triste, apenado, bajoneado (neologismo popular que ilustra la mirada del otro, lo ve 'bajo' —que está en un estado inferior al habitual).
Vincent van Gogh, quien sufría de trastorno bipolar y por ello, de depresión, y quien se suicidó, pintó este cuadro en 1890 de un hombre que simboliza un estado de desesperación sentido en la depresión.
Vincent van Gogh, quien sufría de trastorno bipolar y por ello, de depresión, y quien se suicidó, pintó este cuadro en 1890 de un hombre que simboliza un estado de desesperación sentido en la depresión.
Puede tener muchas causas, desde el estrés hasta la genética; y manifestarse de muchas formas, desde la fatiga a la angustia más atroz. Puede tener graves consecuencias sociales, desde la pérdida de horas laborables a la autosupresión de un individuo. Es uno de los problemas más intrincados con que se enfrenta el hombre.
La lucha se emprende desde todos los frentes: el laboratorio, la clínica, la farmacología, la psicoterapia, etc. También las técnicas terapéuticas abarcan las más diversas modalidades. Pero hay un factor común en todo intento de neutralizar este milenario trastorno afectivo: lo afectivo, desde la cordial firmeza del psicólogo/médico que dirige el tratamiento y la calidez comprensiva del familiar, hasta el simple, pero reconfortante, abrazo fraternal.
viernes, 11 de mayo de 2007
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